Entonar el mea culpa

En el primer capítulo de la segunda temporada de The West Wing se representa una pequeña conferencia en la que el todavía gobernador Jed Bartlet, en pleno inicio de su campaña presidencial, responde así a un empresario enfadado por el incumplimiento de una promesa sobre el pacto lácteo de Nueva Inglaterra:

“Sí, le tomé el pelo. Le engañé. No sólo a usted; a muchos de mis electores (…) Sí señor, les engañé. Voté contra esa ley porque quería que la gente pudiera comprar leche. Evité que ustedes ganasen más dinero; sí. Y si eso les irrita y me guardan rencor, les respeto, pero si esperan algo distinto del Presidente de los Estados Unidos, voten a otro”.

Este tipo de declaraciones ligadas a la política son sumamente sorprendentes, incluso en un espacio de ficción. ¿Por qué cuesta tanto pedir perdón y reconocer errores en política? ¿Por qué es tan fácil el “donde dije digo, digo Diego” sin ningún tipo de justificación razonable?

En un artículo de hace ya un tiempo, Josep Ramoneda decía: “el objetivo de la política no es la verdad. La política tiene que ver con el poder, con la acción y con los intereses, no con la búsqueda de la verdad. Las ideologías que pueblan el imaginario político no son vías de acceso a la verdad sino concepciones del mundo destinadas a ejercer de motor de la acción colectiva”.

Sin embargo, es evidente que la política no puede vivir ligada al engaño y que la sinceridad y el reconocimiento de errores deberían tener un nuevo protagonismo en la comunicación política. Todos somos humanos y, por tanto, nos equivocamos. El político también, y debe reconocerlo.

La sinceridad será la clave para la recuperación de la confianza y la reducción de la desafección política, y mucho más en un momento en que los ciber-ciudadanos, no necesariamente vinculados a un partido concreto, están sustituyendo poco a poco a los militantes en la función de altavoces políticos.

En muchos foros se habla de estrategias de marketing, de planes de comunicación, de acciones de lobby para captar votos. Y todo eso está muy bien y es muy necesario y efectivo. Sin embargo, si nuestro mensaje, por muy bien estructurado que esté, por fantástica que sea nuestra estrategia publicitaria, por buenos que sean nuestros contactos, no se basa en la verdad y en la humildad, quizá podremos engañar al electorado una vez, pero no lograremos ganarnos a la ciudadanía.

No es lo mismo trabajar en algo que se prometió y no conseguirlo que prometer cosas que no se tiene el más mínimo interés en cambiar. En el primer caso, si argumentamos el porqué de nuestro fracaso, si reconocemos que no se trabajó en ello lo suficiente, podremos mantener la confianza del electorado. En el segundo, alimentaremos la indiferencia y el rencor hacia la clase política.

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Acerca de sandrabravo

Asesora de comunicación y estructuración del mensaje. Mi materia prima son las ideas y las palabras. ¡Me encanta jugar con ellas! Me apasiona la política y el teatro, quizá porque a veces me cuesta diferenciarlos. Mi máxima: un día sin sonreír es un día perdido.
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2 respuestas a Entonar el mea culpa

  1. Anònim dijo:

    M’agrada aquest bloc.
    Bons escrits i molt ben pensats.
    Continua així!!

    • sandrabravo dijo:

      Gràcies!
      M’anima moltíssim que el primer comentari al meu blog siga en aquest to…
      És un plaer que algú gaudisca amb allò que escric,

      Una abraçada,
      Sandra

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