¿Deben los políticos explotar su imagen pública?

Acabo de leer un artículo en la web alemana politik.de que me ha parecido interesante, sobre el controvertido debate de si los políticos deben explotar o no su imagen pública.

El artículo parte de las reacciones que ha causado en Alemania la última visita a Afganistán del Ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg. Como viene siendo habitual por estas fechas, el Ministro ha hecho la tradicional visita de Navidad a las tropas en el extranjero, algo que en sí no tiene mayor trascendencia ni sorprende a nadie. Pero lo que de verdad ha molestado a la opinión pública ha sido que el viaje lo hiciera con su mujer y el conocido presentador de televisión Johannes B. Kerner, que ofreció una edición especial de su programa desde el campamento militar con el Ministro y los soldados como “invitados especiales”.

Zu Guttenberg ya es conocido por su afición a aparecer en pantalla, pero desde luego no es el único que lo hace. Los alemanes tienen muy presente el uso electoral que Schröder hizo de su aparición con botas de agua en la zona más afectada por las inundaciones de 2002. Así pues, los autores del artículo se preguntan si los políticos deben promocionar su imagen pública o eso es más bien algo privativo de artistas y famosillos varios.

 

A favor

El trabajo de relaciones públicas y comunicación política son parte indispensable para el funcionamiento de la democracia y de una sociedad de la información. Por definición, las relaciones públicas son una parte estratégica de la relación con el elector. Esto hace que, por un lado, los políticos sean más accesibles al ciudadano, en definitiva, al elector y, por otro lado, es la base de la mediación política. Además, la comunicación con el ciudadano permite al político enfocar su discurso correctamente y tener en cuenta las preocupaciones sociales, aunque evidentemente utiliza también esta relación para hacer llegar su propio mensaje y cimentar una buena imagen social.

Aunque el trabajo de marketing político y relaciones públicas lo realiza un equipo de profesionales, esta relación comunicativa con su electorado le permite reflexionar sobre cómo estructurar mejor su mensaje y de qué manera enfocar los temas que le interesa transmitir.

Las relaciones públicas en su sentido más amplio (por ejemplo, como cuando un político decide ir a un programa como La Noria) garantizan el acceso a un gran número de ciudadanos que de otra manera no tendrían relación con la política, aunque es necesario adaptar el mensaje y la escenificación al tipo de público que tengamos (en este punto yo añadiría “sin caer en la banalización”, porque una cosas es ir a La Noria y otra rebajarte al nivel comunicativo de alguno de sus participantes).

Una buena comunicación puede desactivar parte de la desafección política (aunque sin duda creo que es imprescindible que se actúe en coherencia a lo que se transmite, si no queremos obtener el efecto contrario).

En definitiva, el trabajo de relaciones públicas (el término queda muy de repartidor de flyers de discoteca, pero debe entenderse en su sentido más amplio) garantiza la accesibilidad de la clase política, aumenta la cantidad de información disponible a un público amplio y crea lazos entre políticos y ciudadanos. Sin duda, la comunicación es imprescindible cuando se quiere transmitir una serie de valores a nuestra sociedad.

 

En contra

Los políticos no deberían hacerse publicidad a sí mismos. Un asesor de comunicación es caro y también toda la escenificación del mensaje que propone.

Por otro lado, el tiempo que un político pierde con su asesor mejorando su comunicación es tiempo que pierde para tratar asuntos que de verdad le competen (aunque, en mi opinión, de nada le servirá si después no sabe transmitirlos…)

Los asesores forman al político para que se comporte de manera antinatural. Su comunicación con el público no se basa en una relación directa, sino en una representación. Esta escenificación provoca desinterés y desapego por la política, en la medida en que los electores ven que el político se interesa más en cuidar su imagen pública que en solucionar sus problemas. Los políticos caen en la trampa del info-entretenimiento y sus gestos se convierten en mero simbolismo político.

La política no debería tener como fin que los políticos tengan una buena imagen pública, sino presentar y debatir una serie de propuestas. Si una persona ansía la fama, no debería dedicarse a la política, sino al espectáculo.

 

 

Personalmente, creo que una buena comunicación es parte imprescindible de la política: mejora el diálogo con el ciudadano y elimina barreras entre ambos. Si bien es verdad que su uso debe estar pensado para transmitir un proyecto político concreto, para defender unos ideales, para debatir los problema de la gente y no para que el político se vea guapo en pantalla o gane el Oscar al mejor actor revelación de campaña.

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Acerca de sandrabravo

Asesora de comunicación y estructuración del mensaje. Mi materia prima son las ideas y las palabras. ¡Me encanta jugar con ellas! Me apasiona la política y el teatro, quizá porque a veces me cuesta diferenciarlos. Mi máxima: un día sin sonreír es un día perdido.
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7 respuestas a ¿Deben los políticos explotar su imagen pública?

  1. Alfonso dijo:

    Un debate muy interesante, y bien planteado.
    Yo estoy decididamente a favor de la aparición de los políticos en escena. Es normal que les proporcione rédito electoral, el votante se verá más atraído por un político próximo que por uno encerrado en un búnker. ¿Que podrían emplear ese tiempo en otras cosas más importantes? Bueno, aportar su presencia es una de sus labores más importantes, por algo son nuestros representantes. Acudir a lugares catastróficos hace que la gente se sienta menos olvidada (aunque sea para gritarles y tirarles huevos), y comunicar su política en medios como la Noria les permite llegar a un sector de la población muy amplio que no atiende a los programas “serios” (y con mucha menos audiencia). Y si gran parte de la población no sabe realmente lo que hacen sus políticos y no les llega comunicación de ellos, entonces la democracia se desvirtúa un poco.
    Otro asunto es que algunos políticos usen esta excusa para mentir descaradamente, insultarse o transmitir un mensaje vacío, lo que produce el efecto contrario entre la población, que no es tonta: la desafección.

  2. Entiendo que los relaciones públicas y expertos en comunicación deben formar parte de la cúpula de poder de las organizaciones políticas. No para tomar decisiones sobre la política de la institución, sino para ser consultados sobre las posibles repercusiones que cualquier actividad puede tener en términos de image, actitud e intención de comportamiento de los públicos para con los líderes y los partidos en cuestión.
    Además, los relaciones públicas aconsejarán sobre la estrategia general de relaciones con los diferentes públicos con los que interactúan las organzaciones políticas.
    Pero la cultura de relaciones públicas en España está muy lejos de lo que se observa en otros países. El ámbito político es un claro ejemplo.

  3. sandrabravo dijo:

    Gracias por vuestros comentarios, Alfonso y Alfredo,

    Sin duda una de las grandes tareas de un cargo electo es saber representar a su electorado y comunicarse con ellos. No digo que sea lo único necesario, pero sí una parte esencial. Y para mejorar este ámbito se precisa la ayuda de un grupo de expertos en comunicación, algo que en estas tierras todavía se descuida mucho o se deja únicamente de la mano de “gente del partido”.

  4. jaimealbero dijo:

    Como político en activo y técnico de marketing he de estar a favor de la función de representación que un cargo tiene. Pero para que la representación sea efectiva se ha de planificar de tal manera que no 1) contamine por exagerada: no intentar ser la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro; 2) sea efectiva comunicativamente hablando: refuerce el mensaje no verbal de tus políticas; 3) sea natural, cercana: muchas veces hace más mal que bien el excesivo encopetamiento de determinados “protocolos” institucionales; y 4) sea práctica: no condicione el devenir de tu función de “hacer cosas” (que al final, es para lo que estamos los políticos).
    Como técnico de mk tendría que decir que falta formación política general en los cargos electos: los discursos son simplistas, las oratorias pobres, los recursos escasos… De tanto “igualar” por lo bajo el nivel al menos formado de tu audiencia se ha bajado de verdad la capacidad discursiva y “evangelizadora” de los partidos políticos en una deriva publicitaria que obvia los programas, la pedagogía política y los valores ideológicos y santifica la imagen, el impacto visual y el claim de campaña.
    “Venderéis pero no convenceréis”, que diría aquél…
    Quin gatet més bonico, Sandreta!

    • sandrabravo dijo:

      Jaime,
      ¡No podría estar más de acuerdo contigo! Me quedo con el primer punto, que me ha encantado: “no intentar ser la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro”. Evidentemente, en la estructuración del mensaje no sólo importa el envoltorio, sino el caramelito que pones dentro, por lo que te doy toda la razón en que la cultura política es parte esencial de un buen asesor de comunicación.

  5. brauls dijo:

    Estoy entusiasmada con la lectura del blog pero no me atrevo a comentar… Veo mucha razón y mucho sentido común por aquí.

  6. Pingback: ¿Deben los políticos explotar su imagen pública? | Alfombra Roja

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