Enric Morera: actor secundario busca papel protagonista

Artículo publicado en el Especial Elecciones de Valencia Plaza. 

El candidato de Compromís a la Generalitat aspira a conseguir representación en les Corts como fuerza alternativa al PP y PSPV, en una campaña en la que Mònica Oltra es la gran protagonista

Enric Morera i Català es el paradigma del eterno candidato. Lo ha probado todo: las elecciones municipales de Valencia, las autonómicas, las generales e incluso las europeas. Aún así, solamente un 15,5% de los valencianos le conoce.

Nació en Oliva en 1964 y con 17 años inició su militancia política en el Partit Nacionalista del País Valencià. Dos años más tarde decidió fundar su propio partido, Unitat del Poble Valencià, del que fue el secretario general de juventudes. Y en 1996 fue uno de los responsables, como miembro de la ejecutiva de UPV, de la formación de la coalición electoral UPV-Bloc Nacionalista, que daría paso a la formación del Bloc Nacionalista Valencià.

En 1999 fue candidato por partida doble; del Bloc a la alcaldía de Valencia, y al Parlamento Europeo en la coalición Bloc-CiU-PSM. En 2004 fue cabeza de lista del Bloc a las elecciones generales. Y en 2007 ocupó el segundo lugar en la candidatura de la Coalició Compromís a la presidencia de la Generalitat Valenciana. De todo ello sólo le queda el recuerdo de un año como Eurodiputado en una ciudad gris que le hizo volver rápidamente a su tierra natal, donde consiguió un acta de diputado en las pasadas elecciones.

Enric Morera cumple con el prototipo de hombre de negocios: siempre de traje –aunque ha abandonado progresivamente la corbata-, con unas gafas discretas y unas facciones bastante armónicas. Sus cejas, espesas y rebeldes, le dan un toque diferenciado. Y aunque no se caracteriza por su carisma y sex appeal, es un hombre que, como el buen vino, ha sabido mejorar con la edad –tanto en el aspecto físico como en las formas y en su oratoria. Si bien aún no se encuentra en su momento óptimo de maduración.

La Coalició Compromís está llevando a cabo una campaña vitamínica y desenfadada que desentona con su candidato a la presidencia de la Generalitat. Sin embargo, es innegable que su candidatura no se entendería sin el tándem con su número dos, la díscola Mónica Oltra –a la que muchos buscarán sin éxito en el encabezado de las papeletas el día 22.

Por descontado, Morera es consciente de que el protagonismo mediático de Oltra le deja en un segundo plano, pero en vez de intentar acallarla y anularla, opta por la opción inteligente de aprovechar el tirón que da a la coalición para sumar sinergias.

Morera dice que Compromís estará en las Corts porque es “la única alternativa a la derecha”. No obstante, evita definirse como una persona de izquierdas y opta por la ambigua etiqueta de “valencianista y de progreso”. Nunca va más allá. Ni cuando se le pide explícitamente que acote su valencianismo: “Queremos estar en la globalidad de forma auténtica. Es decir, siendo valencianos, no poniendo fronteras y abriéndonos al mundo como somos, no siendo una hamburguesería, sino, por decir algo, con nuestra paella”; fue toda su conclusión en una entrevista reciente.

Sus críticas se dividen por igual contra populares y socialistas –a quienes acusa de estar deteriorando el Estado de Bienestar a favor de los grandes bancos-, aunque deja claro que “para políticas de derechas ya está el PP”, por lo que renunciaría a poyar una hipotética investidura de Alarte.

Ante todo, el secretario general del Bloc se considera empresario y padre de familia, renunciando a la etiqueta de “animal político”. Por ello, cuando se le inquiere sobre su futuro en caso de que Compromís quede fuera de las Corts, Morera responde con absoluta naturalidad que se quedaría “más tranquilo”, ya que tan sólo se encuentra “de paso” por la política. Y volvería feliz y contento a su empresa y su trabajo.

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Acerca de sandrabravo

Asesora de comunicación y estructuración del mensaje. Mi materia prima son las ideas y las palabras. ¡Me encanta jugar con ellas! Me apasiona la política y el teatro, quizá porque a veces me cuesta diferenciarlos. Mi máxima: un día sin sonreír es un día perdido.
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