El talento es una actitud

El siguiente artículo es una de mis colaboraciones en Zyncroblog. ¡Gracias por darme voz de nuevo entre vosotros!

Les propongo un ejercicio muy sencillo: vayan a cualquier tienda o servicio de atención al cliente y observen cómo les atienden, que predisposición muestran los trabajadores para dar respuesta a sus necesidades, con qué actitud le reciben… ¿Sonríen y le saludan de forma agradable? ¿Son proactivos y le ofrecen alternativas en caso de no tener exactamente lo que usted busca? ¿Son pacientes y educados? Con honradas –y benditas- excepciones, es bastante habitual encontrar a gente desganada, que te atiende “por obligación”, sin ningún tipo de empatía y transmitiendo el mensaje de “no me molestes demasiado y márchate cuanto antes”. Se trata de un círculo vicioso en el que la empresa no cuida a sus trabajadores ni marca unas directrices claras sobre el trato que deben dar a los clientes. A su vez los trabajadores, que no ven reconocido su esfuerzo, carecen del más mínimo sentimiento de pertenencia y lo único que les interesa es cobrar a final de mes: mimar al cliente no es su obligación, ya que ellos son meros currantes y les importa bien poco que la imagen de su empresa se vea perjudicada por ello. 

El talento no es algo que se herede ni que dependa del currículum vitae de una persona. El talento es una actitud, tanto en individuos como en empresas. Quienes sepan cultivarlo y potenciarlo se esforzarán por satisfacer las necesidades de los que le rodean –trabajadores en plantilla o clientes a los que atender-; lo harán con una sonrisa y de buen humor; pondrán energía en todo aquello que hacen y lo harán de la mejor manera posible, para satisfacción propia y ajena. Nos hemos acostumbrado a marcar –o querer marcar- la diferencia mediante objetos, poniendo por ejemplo la última novedad en el mercado; pero ignoramos que lo que realmente nos diferenciará a largo plazo y de manera constante si lo cuidamos son los sujetos: el trato personal, las sensaciones que transmitamos en el momento de la compra o en el día a día en el trabajo.

Pondré un ejemplo muy sencillo, pero muy gráfico. Si hay diez panaderías en mi barrio y todas tienen unos precios y calidad similares, ¿con cuál me quedo? Con aquella donde sepan cómo me llamo, cómo me gusta el pan, donde me saluden y me atiendan con una sonrisa, donde sean sinceros sobre la calidad del producto que me ofrecen… Allí no solo compraré el pan cada día, sino  el desayuno de los domingos y el cartón de leche cuando se me olvide en el supermercado, porque ellos van mucho más allá de la mera venta de productos; me ofrecen una sensación agradable y fidelizan con ello mi compra. En definitiva, cultivan el talento que permite mantener una marca y un negocio a lo largo del tiempo, incluso en las situaciones más adversas. 

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Acerca de sandrabravo

Asesora de comunicación y estructuración del mensaje. Mi materia prima son las ideas y las palabras. ¡Me encanta jugar con ellas! Me apasiona la política y el teatro, quizá porque a veces me cuesta diferenciarlos. Mi máxima: un día sin sonreír es un día perdido.
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