La propia palabra lo dice: con-tacto…

Artículo publicado en Zyncroblog.

Hace poco recibí una de tantas invitaciones de Linkedin para conectar con una persona cuya cara me sonaba familiar, así que decidí visitar su perfil y comprobé que en efecto se trataba de un conocido que me había presentado un amigo tiempo atrás. Al descubrir la relación, le escribí para saludarle y preguntarle cómo le iba todo. A modo de respuesta me mandó un seco y escueto mensaje en el que me comentaba que mi perfil le había aparecido en la sección de posibles conocidos y que me había agregado porque “estaba ampliando su red de contactos”.

Más allá de mi reacción emocional al obtener una respuesta tan fría, me sorprendió su concepción de “ampliar una red de contactos”, ya que si su procedimiento era similar en cada caso, acabaría con un gran número de conectados, pero qué utilidad real tendría a fin de cuentas. ¿Qué entendía y entiende mucha gente por “contacto”?

Internet y las redes sociales han supuesto una revolución en la forma de comunicarnos, ampliando exponencialmente la cantidad y el tipo de personas con las que tenemos una relación diaria. ¡Es algo maravilloso! El intercambio de información de manera rápida y constante aumenta la capacidad de acción de los ciudadanos, enriquece nuestra vida social y fomenta la creatividad colectiva. Pero no por ello podemos olvidar que todo esto solo es posible cuando se refuerzan los vínculos sociales reales.

¿El tamaño importa? Disponer de un gran número de contactos a golpe de clic de ratón no tiene mayor beneficio si no hacemos un esfuerzo por conocerlos mínimamente y saber a quién nos dirigimos. Una audiencia amorfa con la que nada nos une es como una pared a la que le hablamos esperando sin éxito una respuesta por su parte.

Debemos tener siempre presente que las nuevas herramientas de comunicación 2.0 (o como se las quiera llamar) son precisamente eso: instrumentos para mejorar y potenciar nuestra comunicación personal, algo que nos toca trabajar sin descanso mediante la escucha activa, el trato personal, el cuidado de nuestro lenguaje verbal y no verbal, la actitud ante la vida… De lo contrario, sería como poner el mejor bisturí del mercado en manos de una persona que no tiene la más mínima noción de medicina. Así pues, aprovechemos que la palabra con-tacto nos evoca constantemente esta necesidad y mimemos a las personas que nos rodean cada día con una sonrisa, un por favor, un gracias o un buen abrazo, ya que dominar la esencia de la comunicación no solo requiere conocer su funcionamiento, sino saber comportarse sabiamente en él.

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Acerca de sandrabravo

Asesora de comunicación y estructuración del mensaje. Mi materia prima son las ideas y las palabras. ¡Me encanta jugar con ellas! Me apasiona la política y el teatro, quizá porque a veces me cuesta diferenciarlos. Mi máxima: un día sin sonreír es un día perdido.
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